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Broma de mal gusto
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 Article publié le 24 novembre 2019.

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La mañana era joven cuando José decidió irse de pinta y pensaba llevarse con él a Pedro, su paisano, dado a que eran de un poblado muy cercano de Catmis, en la frontera entre Yucatán y Quintana Roo. José por ser el de mayor edad fue aceptado primero como alumno en el Internado Indígena Lázaro Cárdenas, recién fundado en Felipe Carrillo Puerto y ya estaba cursando el quinto año. Pedro acababa de entrar al cuarto año y por su novatez, propia de su condición de alumno nuevo, como era molestado constantemente por sus compañeros, para olvidarse un poco del ambiente hostil, aceptó la invitación del otro y terminando el desayuno se escabulleron por una puerta del fondo del patio que daba a la calle de la carretera. Caminaron a paso normal, para pasar desapercibidos y al llegar a la encrucijada para ir a Vigía Chico, a Peto y a la nueva ruta que apenas estaba en construcción hacia Cancún, siguieron por ésta y salieron a una carretera con mucha grava y tras caminar casi dos leguas, llegaron a la propiedad de Don Fernando Esquivel.

A instancias del mayor abrieron una tranca y penetraron al terreno alambrado donde estaba la famosa laguna.

---¿No nos van a regañar por meternos sin permiso ? ---preguntó Pedro.

—Hoy es martes y es el día en que el encargado va a Carrillo a hacer sus compras. Por eso escogí este día porque no va a haber quien nos moleste. Caminaron por una especie de calle, delimitada a los lados por alambrada de tres hilos. Llegaron a la orilla del agua muy obscura que formaba una especie de lago de no menos de cien metros de diámetro.

José no lo pensó y en cuestión de dos o tres minutos se desvistió, dejando descubierto un pantalón recortado para hacer la función de short.

Inmediatamente después se lanzó de clavado al agua y sacó la cabeza y brazos.

---Ya desvístete y métete.. Está fresca, te va a quitar el calor de la caminata.

Pedro se fue acercando a la piedra desde donde su amigo se lanzó.

---Es que no sé nadar---dijo.

---No seas miedoso . Mira yo estoy parado sobre una piedra y además no está hondo.

El inocente Pedro no captó que el otro se estaba sosteniendo a flote con el movimiento de sus piernas.

José siguió insistiendo hasta que aquel cedió, desvistiéndose hasta quedar con una calzonera muy viejecita, herencia, tal vez, de uno de sus hermanos mayores.

---Salta, ya de una vez, yo te agarro. No seas miedoso. Pedro se subió a la piedra y se lanzó, para caer a más de un metro y medio del otro y no alcanzó a agarrarlo. Dio de manotazos a diestra y siniestra y nunca pudo afianzarse de José.

---¡Me ahogo, me ahog… ! --- alcanzó a decir mientras José, desesperado, trataba de aprisionarlo y se le zafó por más esfuerzos que hizo. Se le soltó de las manos y desapareció, para emerger poco tiempo después manoteando y volvió a irse al fondo, aunque José se sumergió trae él no logró asirlo.

La desesperación le ganó y comenzó a gritar tosiendo

---¡Ayuda, que alguien me ayude ! Pedro se está ahogando.

La frustración de poder sacar a su amigo y su sentimiento de culpa, lo hicieron sumergirse una vez más, buscando en la obscuridad, por más que ahora llegó más hondo, sólo logró atragantarse con el agua y la falta de aire. Braceó hacia la orilla y la cara pintada de terror salió gritando que su amigo Pedro se estaba ahogando en la laguna de don Fernando. Así corriendo llegó al internado, donde el maestro de guardia estaba en alerta por la desaparición de los chamacos.

Entre gritos y llantos y más gritos, narró lo sucedido. En ese tiempo don Nef, mi adoptivo, al Director del Internado le informaron, al igual que a mi madre Atala Penagos Rojas, subdirectora. De inmediato se llevaron a quienes eran de Bacalar y Vigía Chico, expertos nadadores, se les informó del problema y abordaron el redilas Ford de tres toneladas.

---Pasa por el café, es la hora en que Rach Esquivel se toma su greca en el changarro de Sosa---dijo mi mamá---. Si está y acepta apoyarnos nos la llevamos. Es uno de los grandes buceadores de Cozumel.

Lo encontraron y mi mamá lo puso al tanto del problema y aceptó apoyarlos.-

---Vamos de una vez, ---propuso Rach---. Allá en el rancho tengo 0calzonera y hay una lanchita.

Arrancaron hacia la laguna y en cuanto llegaron los nadadores y Rach interrogaron en la orilla sobre todos los detalles a José y tras ponerse de acuerdo los tres se lanzaron en la búsqueda del desafortunado Pedro. Casi al mismo tiempo emergieron.

---Está demasiado obscura el agua. No sé ve nada---dijo el de Bacalar---. Parece cenote como el Azul.

---¿Es cenote y profundo y con corrientes submarinas que te jalan al fondo ?---quiso saber el de Cozumel.

---Y tiene más de ciento veinte metros de fondo ---aclaró Rach---.

Necesitamos planear bien lo que deberemos de hacer para rescatar el cadáver. Salgamos.

---Pero ¿si está vivo ? ---preguntó uno.

---Si quiero seguir buscando no me pongo yo voy a salir y voy a hacer planes con los demás para el rescate del cuerpo de este desafortunado muchacho--- expresó Rach y comenzó a nadar hacia la orilla.

Sus dos compañeros de búsqueda titubearon unos momentos más luego siguieron al otro fuera del agua.

Mis papás, algunos maestros y alumnos, los rodearon.

---¿Qué los hizo salir, Rach ?--- quiso saber don Nef.

Rach explicó claramente que era necesario implementar un plan de rescate, para sacar el cadáver del agua.

Al ver la expresión de azoro les explicó la terrible y cruel verdad : Nadie, hasta este momento opuede vivir más de cinco minutos bajo el agua, sin equipo especial para buceo, sin ahogarse

---Si calculamos cuanto lleva este muchacho bajo el agua ---dijo---partiendo como base desde que José salió del agua y se dirigió corriendo al internado. De Carrillo para acá son dos leguas, o sea ocho kilometros, sin contar el acceso al pueblo, el mejor maratonista del mundo, no lo recorrería en menos de unos veinticinco minutos.

Don Nef intervino.

---Y si a ese tiempo le agregamos de manera conservadora, unos veinte minutos más por nuestra llegada, el tiempo total mínimo sería de cuarenta y cinco minutos.

---Y aunque no lo quisiéramos reconocer ---externó mi madre---es indudable que Pedrito ya no es de este mundo.

José sintió que el mismo mundo se le caía encima al tomar conciencia del hecho, como vulgarmente se dice :”le cayó veinte” de que por su broma, su amigo pereciera. El peso de la conciencia y una tristeza aguda hicieron brotar en sus ojos gran cantidad de lágrimas y suspiros.  La mayoría, si no todos se conmovió. Unos dieron por llorar. Muchos lo abrazaron tratando, quizá, de mostrarle su apoyo. Un silencio muy fuerte se adueñó de lugar y fue roto con la llegada de otro contingente de apoyo. 

Tras una lluvia de ideas, se formó el equipo de búsqueda, de rescate de buceadores, de agua y alimentación.

Lo novedoso del grupo fueron dos carpas de lona para guarecerse del sol. Y otras inclemencias.

Se especuló mucho sobre el origen de la desaparición

Unos la achacaron a las corrientes que tienen los cenotes, otros, los lagartos que también hay y se llevan a sus víctimas en las esconden en sus cuevas para luego comérselas. O la última, que estuviera trabado entre las ramas en el fondo. Y que el cuerpo podía meter solo en las primeras 24 horas o en las 72

Cada equipo se dedicó a lo suyo, con guardias permanentes de cuatro horas, por lo que se solicitó la presencia de más personas para cubrir sus turnos y poder sacar el cuerpo en su oportunidad.

Llevaron la pequeña lancha de dos remos , amarrada a una orilla.

Se utilizaron todos los métodos y técnicas conocidos y por conocer para tratar de ubicar el cuerpo y sacarlo y en ese batallar se cumplieron las 72 horas el cuerpo no apareció.

Ya habían llevado a la familia y dos hermanos se sumaron a la búsqueda.

---Don Fernando es un costal de mañas, pcon mucha experiencia como marino y ha de saber algo o haber vivido algo parecido ---expresó mi madre. ¿Por qué no vas a verlo y de paso te relajas con él y puede que te dé una solución y/o apoyo.

---Muy bien pensado Atalita---aceptó Don Nef --- y si puede ayudarnos, pues este es el mejor momento, porque a partir de las ocho de la mañana se supone que el cadáver debe emerger.

---Te acompaño.

Subieron al camión verde obscuro del internado rumbo a la tienda.

---Don Nefta y doña Atalita ---los recibió con un caluroso saludo---.¿Qué los trae por aquí tan temprano. Yo apenas acabo de abrir. Ha de ser algo muy importante. ¡Ah !, El infortunado asunto de muchacho. Ya mi hermanito Racha me puso al tanto. ¿En qué puedo ayudarlos, les ofrezco mi apoyo incondicional con todo cariño, somos amigos de siempre.

---No esperábamos menos ---dijo mi madre---. El problema es que nuestro muchacho no sale a flote. Quizá usted con su experiencia de lobo de mar pudiera damos algunas ideas el qué hacer.

---Si confían en mí, podemos sacarlo hoy ---propuso Don Fernando.

---Lo que usted diga estamos a sus órdenes para apoyarlo--- exclamó don Nef.

---Como no han dado las diez de la mañana, cuando se cumplen las 72 horas, yo les propongo e invito que desayunemos algo preparado por doña Emmita. Pasen por favor---cruzaron por la trastienda.

Don Fernando llamó a su esposa Emma, quien preparó suculento desayuno.

Don Fernando se dirigió a la tienda y regresó con una caja de anzuelos pequeños, un carrete de hilo de pescar muy fuerte, cerillos, una veladora y una lancha de madera de balsa en miniatura.

---Este es mi equipo de trabajo —expresó---.Vamos doña Atalita, don Nefta. Ya es tiempo. Les dio dos sombreros y se caló uno---. Nos asolearemos un rato.

Al llegar se asombraron de ver tanta gente.

---Dejemos que se queden. Seguramente algunos vienen por morbo, otros para ayudar y otros por solidarizarse ---señaló mi madre.

---Y no tenemos capacidad para juzgar sus motivos---aclaró don Nef.

Don Fernando tomó posesión de la la tienda más cerca del agua y en una mesa acomodó su singular equipo. Formó una especie de palangre de tres hilos, de unos cuarenta centímetros de largo, cada ramal, rematadas las puntas en anzuelos pequeños, atado todo al cordel al cual qseguró una plomada para darle peso. Lo ayudaron a llevar todo el equipo a la lancha donde se embarcó junto con José y uno de sus trabajadores, quien los llevó remando adonde indicó el muchacho , a quien interrogó de manera exhaustiva sobre lugares y condiciones climáticas como el estado del viento en aquel nefasto día. Con esos datos ubicó el prime lugar y soltó el palangre que fue bajando calmadamente conforme avanzaba de Oriente a Poniente. Nada.

Otro barrido fue ahora de Norte a Sur. Luego en sentido inverso. Siempre en el movimiento, ascendía y bajaba y se desplazaba sezgado en relación con cada recorrido. Así formaron con el desplazamiento, una estrella de seis puntas.

En el último, don Fernando se envaró, nervioso.

---Voy a usar la veladora en la lanchita ---explicó y la prendió con los cerillos, poniendo la navecita suavemente sobre el agua para que no se ladeara o salpicara---. Esta nos mostrará el lugar.

La observó un rato hasta que de pronto, sin haber aire o corriente comenzó a moverse hacia el suroeste y se detuvo.

El hombre acercó el bote, remando muy lento hasta que la tuvieron al alcance. Ahí Fernando bajó con toda la calma del mundo, el palangre y de improviso se movió como un pez al picar el anzuelo.

---¡Ya lo agarré ! ---dijo---. Está en la parte más profunda.

Se escuchó un sinnúmero de exclamaciones de asombro. Toda la gente estaba acomodada en el lugar de la orilla que pudo alcanzar, que venía siendo el lado Sur del cenote.

Cuidadosamente comenzó a cobrar cordel hasta que el cuerpo salió a flote, con el pelangre trabado en la axila derecha y hombro.

Los gritos y llantos de familiares y amigos, incluyendo José, hicieron acto de presencia, a manera de total congoja.

 

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