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Eloy Sánchez Rosillo
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 Article publié le 31 août 2025.

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Anteayer jueves voy al jardín con las Cartas cruzadas de Cézanne y Zola. Ha dado un respiro el calor estos días, y ya vine con El Quijote tras un tiempo sin ir. Me había mirado estas Cartas cruzadas como algo bueno para el verano, así se lo decía a uno de los libreros de la Documenta, pero cuando fui a buscarlo ya lo habían devuelto, porque no lo vendían -pero yo pensaba comprarlo-, y me lo pidieron. El absurdo a veces en la cultura ante grandes obras y grandes libros. Acompaño estas Cartas cruzadas, que sé he de disfrutar leyéndolas, del último libro de Eloy Sánchez Rosillo, Venir desde tan lejos, que me envía desde Murcia, con una dedicatoria en la que indica que es en Puerto de Mazarrón donde fueron escritos casi todos sus poemas y allí es donde un día de 2024 nos tomamos los dos un arroz memorable junto al mar. Acusó recibo del mío, de La libertad de la poesía, y me decía que lo leería allí en verano. Pero me ha escrito hace poco antes de irse y me dice en su generoso mensaje que pese a tener esta previsión ya había leído el libro, porque lo empezó y le atrapó. Y tiene muy generosas palabras para el libro y mi poesía, y llenas además de sensibilidad, lucidez y acierto en lo que es el saber comprender y sentir mi poesía y cómo se da. Sus generosos mensajes con motivo de su lectura de mis libros constituyen una bella correspondencia. Recuerdo que el primer libro publicado en El Bardo -colección en la que él también publicó-, La poesía es un fondo de agua marina, era lectura del Club de Lectura de la UNED, y tuvo la bondad de publicar como comentario en él las bellas palabras que me había escrito. Recuerdo su testimonio conmovedor y rotundo sobre lo que la vivencia de Italia es y fue para él de joven que me escribió al leer Poesía en Roma. Allí, en ese libro Ramón Gaya. Me escribe ahora Eloy que en mi nuevo libro le ha gustado encontrar a nuestro común amigo Ramón Gaya. Son textos que él denominó gayianos y apreciaron y difundieron desde el Museo Ramón Gaya y él también apreció y difundió. La presentación del libro Días en Venecia -otro libro de la vivencia de Italia, sobre la que ha escrito de manera preciosa Gaya, y aún más de especial modo de su saber sentir el ser que es Venecia- en el Museo fue lo que me dio ocasión de acudir a Murcia el año pasado. Recuerdo que una vez que releía sus libros de poemas me fijé en uno que rememora a su amigo el gran pintor al releerlo. Lo vuelve a recordar y sentir vivo gracias al diálogo que es la lectura, el diálogo y la amistad. Recordaba ayer que Proust ve y siente la lectura como una particular forma de la amistad. Creo que lo es, y él, el escritor francés nos la caracteriza como tal de bello modo. Además de amistad es un diálogo, y ese diálogo otra amistad. También el recuerdo o el revivir desde él a una persona y su memoria, otra vez traérnosla y acercárnosla. Así en ese poema que recuerdo de Eloy en relación a Ramón Gaya. Recuerdo que cuando vino a Barcelona invitado por la librería Nollegiu a realizar una lectura se habló de un poema en que dialogaba con su madre. El presentador dijo que Eloy perdió a su padre niño, pero en cambio su madre tuvo una larga vida. Eloy dijo que nunca es demasiado tiempo para estar con una madre y dialogar con una madre. Recuerdo se lo comenté a la mía, con quien vivía. Hablamos de esto, entre otras muchas cosas -personales, de vida personal, y de cultura- aquel día de nuestro compartido arroz memorable en Puerto de Mazarrón. Aquel día en Barcelona asistí a esa lectura porque Eloy hizo que me invitaran especialmente. Acudieron muchos poetas, tanto es así que esa presencia le hizo decir a Eloy con humor que si en ese momento hubiera allí un atentado la poesía española quedaría muy mermada. Recuerdo, entre lo que hablé y había tratado, a José Corredor-Matheos, a quien conozco desde mi primer libro y ha escrito sobre mi poesía y la ha presentado en varias ocasiones, y a Joan Margarit, con quien conversé el día que vino al Club de Lectura del Centro de la UNED de Barcelona, en el que era y sigo siendo profesor. Aquel día estaba con la poesía completa de Eloy, Las cosas como fueron. El día que nos vimos en Puerto de Mazarrón había comprado en una librería de Murcia cercana a la catedral El sueño cumplido. Leí los días siguientes ese libro, y lo aprecié mucho. Es un libro muy significativo. Aunque misceláneo y presentado quizá como complementario, es muy significativo. A través de sus respuestas en entrevistas y reflexiones asistimos con agrado a la firmeza en las convicciones que sustentan una vida de poeta, el desarrollo y cumplimiento -que permiten y sostienen esas convicciones- de una vocación de tal. Reflexiones y convicciones que no sólo me agradaron y creo que destacan por la firmeza y claridad que transparentan en esa vocación de poeta y su cumplimiento sino que sentía en buena parte comparto, y me resultaron muy cercanas. Leopardi, la luna. El misterio de la poesía. Al que hay que entregar y en el que se ha de cumplir una vida.

Una cuestión relativa a la presentación que tendrá lugar el 8 de septiembre en la Llibreria Documenta me hace irme del jardín. Ya en casa empiezo el último libro de Eloy, que ya allí llevaba. Me impresiona el poema con que empieza. Siento que es un contundente y muy significativo principio, que nos llevaría a varias preguntas y meditaciones. Pero quiero traerlo aquí de momento sin más ni más, por sorpresa, como me lo encontré yo y lo encontrará quien abra y empiece a leer por él el libro. Lleva el título de éste, lo que también nos dice muchas cosas y lo señala como muy significativo en la voluntad del poeta, igualmente que como tal lo indica el que lo haya colocado como principio :

 

VENIR DESDE TAN LEJOS

 

CÓMO ha llegado uno hasta este día,

nadie puede decirlo.

Y uno, menos que nadie.

No. No ha habido un camino solamente

desde el albor remoto.

Casi infinitos fueron,

y enmarañados entre sí, enredados,

en un indescifrable laberinto.

Vivir es laberinto. Esto se aprende.

Ni el más discreto supo

nunca la línea recta en su existir.

El avanzar fue ciega encrucijada,

un raro y sinuoso

no saber hasta cuándo o hacia dónde.

Y en esa indefensión, que es inocencia,

hallas dicha y quebrantos y aventura.

El llegar hasta aquí tuvo que ver

con algo semejante al azar puro,

o quizá a buena estrella

(una forma propicia y reiterada

del azar que a muy pocos corresponde).

Cuántos que iban conmigo

se quedaron atrás. Y se perdieron.

No he vuelto a verlos nunca.

Hubo eriales y abismos. También hubo

valles amenos : al cruzarlos vi

deslizarse despacio por la hierba

las sombras leves de las nubes blancas.

Anduve con tropiezos y caídas.

Pero aquí estoy. Ningún resentimiento

en mi equipaje pesa.

Con pasmo y gratitud toco el enigma

de esta vida que empuja tantas veces

con un viento contrario, y que aun así

resulta ser al cabo tan hermosa.

Todo es como en los sueños :

sin norma ni sentido.

 Acepto, acojo.

Miro cuando amanece

la limpia luz que cae sobre las cosas.

Y en la noche cerrada, si hay silencio,

escucho el murmurar de las estrellas.

 

Eloy Sánchez Rosillo escoge como primer poema del libro este poema recapitulatorio que es a la vez una pregunta. Podemos preguntarnos -él también lo hace, de modo algo oculto aquí y muy expreso en otros poemas- por cómo se ha dado el camino de su vida en la poesía, en los poemas. Encontraríamos reflexiones y matices en ese libro que he mencionado los acompaña y es también vida de poeta y compré en Murcia, El sueño cumplido. Hay quien ha hecho matizaciones y ha visto épocas o distintas modulaciones en su poesía a lo largo del tiempo, y por ellas se le pregunta al poeta y tenemos sus respuestas en ese libro. Pero tenemos, ante todo, los poemas, y tenemos también como primer poema éste que abre su último libro, Venir desde tan lejos. “Andar es no moverse del lugar que escogimos” es el final verso, tal definitiva sentencia, que cierra un poema de María Victoria Atencia, en el que yo me fijé cuando lo leí por primera vez muy joven y he recordado muchas veces. Creo que puede predicarse de algunos destinos de arte, que se cumplen de un modo muy definido y claro desde el principio, en el que están ya en ese lugar -que es el suyo de artistas y ya han encontrado. Creo que así lo podríamos decir de Eloy Sánchez Rosillo, que así lo podríamos decir de modo fundamental, aunque ello no quita las posibles meditaciones y reflexiones a hacer, y que éstas sean acertadas. Además de este verso de María Victoria Atencia, y muchas veces junto a él, para acompañarlo y apuntalarlo, he recordado una afirmación de Ramón Gaya, que es ésta : “A propósito de Bores : Ser fiel es precisamente lo contrario de detenerse ; ser fiel es avanzar, cambiar, y, no obstante, estar en el mismo sitio, como un río”. Es muy pertinente, y creo que a Eloy le gustaría encontrar a nuestro común amigo en relación a su poesía y su camino de arte y el cumplimiento de su vida en la poesía. En sus poemas. A Eloy -así me lo dice- le ha gustado encontrar a Ramón Gaya en mi último libro, La libertad de la poesía. Está en diversos textos en prosa, que difundieron desde el Museo, pero también en algún poema. Hay un poema en el que dialogo con él a través de su lectura (como hacía Eloy en su poema) y leí el otro día como muestra de este diálogo y presencia de Ramón Gaya en este libro en el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra. En el poema sale una afirmación que llama la atención y encuentra estupenda Ramón Gaya, “el arte es inseguro”. Recuerdo que de esto también hablamos con un arroz junto al mar Eloy y yo en Puerto de Mazarrón.

El siguiente poema es “La herida” :

 

LA HERIDA

 

HERIDA de mi infancia, que aún fulgura,

pues nunca se ha cerrado.

Hecha de soledad, de amor, de origen,

de mucha luz y tanto desamparo,

de cosas insondables que ocurrieron

y que siguen pasando.

Es una herida extraña, que duele y da consuelo.

De un signo u otro, de ella brota el canto.

 

Poema que aparentemente se dedica a la infancia y a la vez es un poema múltiple. No aparentemente sino muy ciertamente se dedica a la infancia, pero a la vez se siente que en ella ya está todo y de ella viene todo. Se titula “La herida”, y de la herida, de las heridas el arte y la poesía, como de las preguntas -y las preguntas heridas. Es un poema muy preciso y a la vez muy completo -y múltiple, como he dicho- en esa precisión. De qué está hecha esa herida que es la infancia, cómo aún está viva, y de ella el canto.

“El libro y los sueños” nos habla de la lectura. El siguiente poema se titula “Edad”. Aquel día en Puerto de Mazarrón Eloy me precisó y me contó que su padre murió cuando tenía siete años. Le dije que también a esa edad, a los siete años, se le murió a mi madre su padre. Los dos quedaron huérfanos de padre a esa edad, para mí era algo que los unía, aunque sé que es una triste hermandad. No todo el mundo es un poeta. Hay que ser un poeta para decir, como nos lo dice Eloy en un poema impresionante de este libro, “Acerca del final”, lo que es la muerte entonces, en esa edad. Qué es la muerte de un padre cuando tienes siete años. Aquí este poema impresionante :

 

ACERCA DEL FINAL

 

MUCHO antes de saber, lo vi, lo supe,

supe que había un final. ¿Cómo es posible ?

Nadie, indiscreto, me lo había advertido.

Fue una revelación que de repente

se abrió en mi ingenuidad aquella noche :

estaba ahí el cadáver de mi padre,

sumido en el misterio, ensimismado,

y yo era un niño que miraba absorto.

A pocos les pasaba lo que a mí.

Cuántos supieron, pero no supieron :

les decían, oían, no entendían,

habitaban la luz del existir.

Una constatación tan perentoria

y tan temprana puso en mi inocencia

confusión, desamparo, soledad.

Era un saber muy hondo el de la muerte,

muy persuasivo y sin explicaciones.

Así lo vivió entonces el que fui

antes de ser yo mismo. Pude ver

en el cuerpo yacente de mi padre

un duro y enigmático presente

 que poco a poco habría de hacerse ausencia,

hasta caer al cabo en casi olvido.

Y siguió mi vivir. Y era bien cierta

la rotunda verdad que alcancé cuando

ni podía aún pensar y sólo era

ojos que vieron, pecho que sentía.

Hoy también me acompaña, y hoy la asumo

de distinta manera. Adentro el paso

en la proximidad inexorable

de ser el que se ausenta, el que ha de irse.

Llega un final y es este : días de ahora.

En nada se asemejan los que vivo

a los que respiré en la oscuridad

que duró eternamente en mi niñez.

Hay jornadas de sol, hay calma en mí.

Todo es expectación, no existe angustia

ni un oponerse, un triste no querer

de espanto, desconcierto o rebeldía.

La muerte no se va con el que muere :

alienta entre los vivos y los daña.

Poco es lo que sabemos de la vida.

Se comprende despacio lo que importa.

 

En ese poco saber y poco comprender, para ese poco saber y comprender, la poesía. Y en esa vida y esa poesía, para la poesía, la soledad. La soledad como un alguien, ya tal una persona, “que te acoge y ampara,/ que comprende y concede”, y que “Te hace ser y encontrar”. Así lo sentimos, sabemos y leemos en el poema “Nota sobre la soledad” :

 

NOTA SOBRE LA SOLEDAD

 

AQUÍ la soledad no es entelequia,

anhelo, ensoñación,

carga o tributo.

La soledad aquí es más que un algo,

viene a ser casi un alguien

que te acoge y ampara,

que comprende y concede.

Un regazo templado.

Tiene forma y maneras

delicadas y firmes.

Configura

cuanto abarcan los ojos.

A ti mismo te esboza,

después de desechar cuanto traías

como equipaje inútil.

Ya eres otro.

Viveza y levedad que a nadie oprime,

no se inmiscuye.

Observa y acompaña,

pero no aprueba dudas o renuncias,

pues sabe a qué viniste y no querría

verte estar por debajo

de la ilusión que albergas.

Te hace ser y encontrar.

Sin ella lo real desaparece :

no hay conciencia del árbol que ahí se alza

ni de la nube aquella

que se aleja despacio

y se va deshaciendo y ya no está.

 

La soledad, y el tiempo. El siguiente poema es “Rueda del tiempo” :

 

RUEDA DEL TIEMPO

 

AÚN me llega la luz de esa mañana,

su exacta inclinación, el tibio roce.

Qué pena da el saber tanta alegría.

No queda tiempo. Ya no queda tiempo.

Más sin nadie que todos. Aquí. Hoy.

Van menguando los días

y apenas puedo dar razón de mí.

Pero la luz que digo ocurrió para siempre.

Y se advierte a lo lejos -por el arco

que en su trayecto traza-

el círculo de amor en el que orbita.

Volverá alguna vez a iluminar

este rincón del mundo en la mañana aquella.

Hablamos, caminamos

a través del misterio de la vida.

Y tú tienes de nuevo veinte años.

 

Borges dio gracias por la música, esa misteriosa forma del tiempo. La misteriosa forma de la poesía y de la música puede de algún modo revelar y encarnar el misterio del tiempo. Pienso en Borges, y sé, sabemos que he recordado cómo une la pregunta que se hace San Agustín sobre el tiempo a la poesía. La pregunta de San Agustín es : “¿Qué es el tiempo ? Si no me preguntan lo que es, lo sé. Si me preguntan lo que es, no lo sé”. Borges nos dice que él piensa lo mismo de la poesía. Con esto nos está queriendo decir su carácter de misterio. En el misterio del tiempo también el de la identidad, y unir y dar vueltas a ambos también de Borges. El otro, el mismo el título del gran libro de poemas de madurez, y en un cuento fantástico de su último libro de narraciones, “El otro”, el encuentro consigo mismo en el banco de un parque de Ginebra, el diálogo que sostiene Borges anciano con él mismo joven. ¿Es esto posible ? Sin necesidad de preguntárnoslo y menos aún de responder vemos cómo este diálogo y este encuentro sucede para Eloy Sánchez Rosillo en un poema, y sucede y se da de pronto, como un fulgor y una aparición. Creo que el misterio del tiempo permite alguna vez un fulgor y sensación de este tipo. En primavera, en el homenaje que le tributaron a José Corredor-Matheos en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona, decía que por un momento le había parecido volver a ser joven y estar en el Patio de Letras, allí y aquí -el allí lejano y el aquí de ahora indican, quieren indicar la lejanía y la cercanía de y en el tiempo- donde estudió cuando joven era. Dijo también que a veces, en algunos momentos en la vida, que son pocos pero son, se tiene y da esta sensación. Aquí, de pronto, al final de este poema de Eloy Sánchez Rosillo. En el misterio de la vida y del tiempo. En su luz.

En este camino y fluir preciso que son los poemas de Eloy Sánchez Rosillo estaría tentado de ir trayendo poema a poema el libro, por motivos que me agradan y cuyo sentimiento comparto, por detalles o el poema todo, pero escogeré sólo alguno. El lector tiene para él el libro todo.

La luna que compartimos en “Visión en la alta noche”. “Ocurre alguna vez” nos dice el fulgor y el temblor que he querido adivinar y que me ha hecho sentir y he procurado este sentir trasladar ante el poema “Rueda del tiempo”. Aquí el poema del poeta :

 

OCURRE ALGUNA VEZ

 

A veces presentimos lo recóndito,

lo que ignoran los ojos y está ahí.

Esperas que aparezca y no sucede :

toda revelación es fortuita.

 

No depende de nadie ni de nada

el que de pronto veas en un campo de trigo,

en el amor o en el desdén de alguien,

en la rosa marchita de un papel arrugado,

el relámpago que hace comprender

-sentir sin desvelarlo- el misterio de todo.

 

Hay días ciegos en el corazón

e insólitos momentos de acuidad,

miras y nada adviertes y no importa

lo que intuyes que existe y que se oculta

más allá de ti mismo o en ti mismo.

 

Pero hoy surge la luz sin aguardarla :

porque sí, repentina, incontenible.

Fulgura una verdad. Y tiemblas tú.

 

Un poema breve, ya sólo por lo que significa su título, “Oír en mí”, por sentir cómo a esto la poesía responde, y que podemos unir al segundo poema del libro, “La herida”, también de la infancia :

OÍR EN MÍ

 

OÍR en mí, y haber oído siempre,

lo que ocurre una noche de la infancia.

Es agosto en el campo,

no caben más estrellas allá arriba.

Y en la quietud tan grande de la hora

-sin dañar su tersura-,

aquel sonar unánime de grillos.

 

En este “Oír en mí” la poesía, los poemas. La poesía como “Sucesiva verdad”, a la poesía podemos sentir se dirige el poema, en un diálogo con ella de una intensidad y verdad que nos hacen pensar en algunos poemas de Luis Cernuda que también a ella se dirigen y esto son -diálogo y declaración de amor, de fidelidad inabdicable y entregado amor de una vida. “Entonces no lo supe”, poema que arranca con el tiempo –“El tiempo aquel en que los caminos/ eran sólo de ida,/ tiempo de juventud que acaso tuve”-, y se acerca a la comprensión de él, que hay dentro de él, y a cuando se da. El alba en “Mírala tú que puedes”. También el tiempo en “Gota de eternidad”, el tiempo y su misterio y en él de algún modo su comprensión y asunción. Gota de eternidad un instante, quizá un instante cualquiera, y también un poema. En “Ciento por uno” el poeta nos ha hablado de “los frutos que logré sin saber cómo”. Frutos imposibles los poemas, pero de un misterioso modo logrados, “el sueño cumplido” en que se ha dado y repartido una vida, se ha cumplido, si pensamos en el título del anterior libro del poeta, y que son, por su carácter misterioso e imprevisible, frutos de ese arte que ante todo es inseguro, como aseguraba la sentencia que tanto agradaba a Ramón Gaya, y por tanto, como en otro título de libro, pues con este sentido podemos sentir se dicen y están en el de Octavio Paz, las peras del olmo.

El poema que abre y da título al libro es recapitulatorio y a la vez una pregunta, y es impresionante. También todo esto es el poema “Qué será de quien soy” :

 

QUÉ SERÁ DE QUIEN SOY

 

NADA puede afirmarse con certeza absoluta.

Y sin embargo intuyo que el libro que ahora escribo

habrá de ser el último que yo alcance a decir.

Siento desasosiego al confesarme

esta inquietud que en mi interior se oye

como una puerta oscura que se fuera cerrando

irremediablemente.

 Mi último libro, el último.

Cómo es posible que haya llegado este momento :

recuerdo bien -con cuánta cercanía-

que comencé a soñar hace muy poco

mis primeros poemas.

 No sé lo que ha ocurrido.

Transcurrieron los años. Todo empieza y acaba.

Tanta ilusión y tanto limpio empeño.

Mi vida ha sido larga, pero qué corta ha sido.

Titubea la luz que antes ardía

con llamarada hermosa en mi pecho y mis manos.

Y en el tiempo apagado que tal vez aún me quede,

qué será de quien soy si no me asiste el canto.

 

A Eloy Sánchez Rosillo le asiste el canto, le ha asistido desde su juventud, desde que intentaba los primeros poemas, como en otro poema así nos dice. Porque en este poema, y en el que ahora recuerdo, y en muchos de los que lo tienen como centro fundamental unido a la vez a la poesía, el misterio del tiempo. Que es un misterio, y se encarna en frutos, y permite algunas veces fulgores en los que sentimos a otro momento se vuelve y se rompe su aparentemente irrompible devoración. El tiempo y su misterio en una vida, ante el amor y ante la muerte, y en la poesía. Eloy Sánchez Rosillo ha contestado ya a la pregunta con que cierra este poema con sus poemas, y esperamos que la siga contestando con los poemas que continúe escribiendo. Porque le ha asistido y asiste el canto. Que, como arte, es inseguro. Y un misterio. Tal el tiempo. Que está también como tal misterio en este poema, como está igualmente de muy bello modo dicha la entrega de una vida a la poesía.

Quiero poner para acabar un poema de este libro que diga lo que esta entrega y la poesía es. Hay muchos poemas, lo he dicho, que habría estado tentado de traer para acompañar estas palabras y que mostraran desde ellos mismos la poesía de Eloy, pero escojo, ya hacia el final del libro, “La verdad escondida”, porque me parece que dice muchas cosas a las que he intentado en estas palabras darles vueltas y que están en la poesía de Eloy Sánchez Rosillo y dicen cómo a través de sus poemas la vida se transfigura y siente. Aquí el poema :

 

LA VERDAD ESCONDIDA

 

LO que importa es recóndito, secreto.

En apariencia, manifiesto y diáfano

para el que atento mira,

pero hermético siempre en lo más hondo.

Todo es tuyo, dirías, y está ahí.

Y sin embargo existe

como una ultimidad que no se ofrece,

que te llama y se esconde

en su desvalimiento y su inocencia.

Lo evidente es misterio :

un día de lluvia,

una mujer que pasa junto a ti.

Sólo por el saber del sentimiento

escuchas el latido alguna vez

de un tembloroso amparo que se abre.

Tan sólo alguna vez. Y nunca en vano.

 

Tan sólo alguna vez. Y nunca en vano. Sólo por el saber del sentimiento. Como sucede a veces con lo que se dice de un modo que sentimos se basta y a la vez que no podría ser otro, sentimos que quizá sólo cabe repetir lo que el poeta ha dicho y tal como lo ha dicho. Así en este poema, “La verdad escondida”. Que dice la revelación que es la poesía y cómo se da. Y constituye una vida.

Joan de Sagarra llamaba a Jaime Gil de Biedma el último de nuestros clásicos. Lo recuerdo de pronto porque pienso que algo así podría también decirse de Eloy Sánchez Rosillo. Espero que a él no le desagrade esta formulación. En todo caso, sus poemas han mostrado cómo sería cabal una afirmación así hacer.

 

Barcelona, 2 de agosto de 2025

 

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Commentaires :

  Eloy Sánchez Rosillo par Raúl Lavalle

Santiago Te agradezco los textos que nos das de este poeta. Los siento tan profundos y, a la vez, tan personales, porque siento que me habla solo a mí, que no sé cómo llegué a esta altura de mi vida, que conservo sin cerrar muchas heridas de mi infancia (que nunca se acabó), que busco en la soledad una amiga... Me parece un gran poeta. Nuevos saludos, Raúl


 

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