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La fiesta de los xv años
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 Article publié le 20 mai 2018.

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El castillo se alzaba imponente sobre la pequeña ciudad.

La mayoría de los habitantes soñaban con conocer por dentro el majestuoso castillo, cuyas almenas se recubrían de oro, y las torres se erguían enhiestas, como si raspasen el cielo.

Lo extraño del caso, es que nadie sabía quienes lo habitaban.

Solamente en ocasiones, hermosos carruajes de olanes de seda, entraban y salían durante las noches de fiesta, donde la música sonaba con toda su fuerza, anunciando a Bach o a Mozart, con orquestas de fina estirpe.

Por eso, cuando el lujoso Landó se detuvo en la ruinosa esquina de la Calle Orquídea, Mitchell observó el extravagante vehículo con cierta reserva.

Desde su minúsculo apartamento, con una estrecha cama, apenas cubierta con una raída cobija, y unas cortinas de un verde deslucido, Mitchell no veía la vida con mucha esperanza.

Dedicaba seis de los siete días de la semana a trabajar en la única fábrica del lugar, donde se elaboraban remaches para un consorcio internacional.

Del carruaje, descendió un joven con librea, elegantemente vestido, y tal atuendo reflejaba la exquisitez de sus amos.

Llevaba en la mano un pergamino enrollado con listón dorado.

Se acercó a la puerta mientras los nervios de Mitchell subían de tono.

Tocó con los nudillos, con firmeza pero sin exagerar.

“¿Sí ?”, pronunció el joven con rostro inquisitivo.

“¿El joven Mitchell Declerc ?”

“El mismo”

Y extendiéndole el pergamino, dijo :

“Esta es una invitación de la señorita Andrea Van Helse, donde le hace partícipe de la celebración de sus XV años este jueves 29 de febrero a las 7 de la noche en el castillo Helse.

Si se sirve aceptar, pasarán a recogerle veinte minutos antes de la hora… ¿Entonces ?”

“¡Claro que sí !”, respondió como un latigazo.

“Se le enviará lo prometido”

Y se retiró sin más preámbulos con una ligera inclinación de cabeza.

Toda esa tarde, apenas era el sábado anterior a la fiesta, estuvo pensando la naturaleza de aquel festejo, y sobre todo, el por qué era convocado a asistir, siendo él de humilde linaje, cuyos padres vivían a más de 500 kilómetros cerca de Ruén, y a quienes no veía desde tres años antes.

Su padre, humilde artesano al servicio de los Rutchald, amos de la ciudad y su madre, ama de llaves de la mansión de los amos de su esposo, no eran personajes relevantes, si no parte de la servidumbre de la adinerada familia.

Por su parte, Mitchell sólo se encargaba de manipular la máquina remachadora. No era alguien importante a sus ojos.

¿Quién invitaría a un sencillo empleado a los XV años de una prestigiosa familia sin siquiera tener referencias de él ?

¿O si lo conocían ?

¿Era la oportunidad para burlarse de su humildad o su pobre trabajo ?

Todas estas preguntas bullían en su mente, atemorizándole.

La noche del domingo fue fatal.

Sus nervios le traicionaron un par de veces y hubo de dejar el partido temprano, antes de la hora convenida.

No pudo dormir.

El martes una horrorosa jaqueca le mantuvo postrado toda la mañana bajo permiso médico.

Ya el miércoles se sintió como adolescente en su primera cita (aunque a sus veintiséis no hubiera salido con una chica más que en dos ocasiones), y una alegría inconmensurable lo invadió.

Temprano el jueves, salió a correr por las cercanías del bosque, y cuando regresó del trabajo, se bañó concienzudamente.

A las seis se vistió con mucho detenimiento, y se dedicó a esperar por cerca de quince minutos hasta que escuchó las campanillas anunciando al enviado del castillo.

Subió al lujoso Landó con cuidado, y se dedicó a disfrutar la velada.

La entrada por la enorme puerta corrediza fue como un sueño.

Las luces que iluminaban el entorno le daban un aspecto mágico al momento.

Listones rojos y una alfombra carmesí adornaban la entrada al recinto.

Todos estaban vestidos para la ocasión, y Mitchell con su viejo traje se sentía un tanto fuera de lugar.

Cuando anunciaron a la anfitriona, Mitchell se unió a los cientos de escogidos que esperaban al pie de la imponente escalera.

De pronto, por la escalera, apareció ataviada con un lujoso vestido de larga cola con un par de mozuelos para no dejarla caer, una bella mujer, no muy vieja, pero definitivamente no parecía tener 15 años.

Todos aplaudieron como si se tratase de la quinceañera, y él pensó : “¿Es una broma ? Esta señora no tiene quince”, y estuvo a punto de retirarse.

Sin embargo, no lo hizo.

Estaba esperando una explicación.

De súbito, un elegantísimo caballero habló con voz de barítono :

“Recibamos a la señorita Andrea Van Helse, que a sus quince años luce adorable. A quienes no la conocen personalmente, ella nació hace 15 años en Sevilla… Al cumplir cada día 29 de Febrero en años bisiestos, su festejo es cada 4 años… Cronológicamente es mayor, pero en su calendario sólo han transcurrido quince años…Y ella sigue siendo tan guapa como a sus diez años…(rió al igual que la concurrencia) aunque creo que se ve más bella que antes…Aplaudamos estruendosamente a la hermosa Andrea Van Helse…”

Mitchell sonrió : Quince años.

“Lo que todavía no entiendo, es…¿Por qué yo ?”, y antes de un minuto, la bella anfitriona se le acercó :

“Te preguntaras porque estás aquí. Tú eres hijo de mi hermana Briden, es decir, mi sobrino… Mi hermana era muy joven cuando te dejó al pie de la escalera de una iglesia y una familia muy hermosa te recogió… Te criaron como a su propiohijo.

Lo estuve investigando.

Y me comuniqué con tus padres adoptivos cuando mi hermana Briden murió hace poco más de un año…

Estuvieron de acuerdo, y de hecho, ellos se encantaron. Quise que aceptaran un generoso obsequio pero declinaron.

Prefieren su vida.

Sin embargo, procuraré que no les falte nada.”

Mitchell estaba conmocionado.

Tales revelaciones lo enmudecieron.

¡Era increíble !

¿Mitchell Declerc sobrino de la hermosa señora del castillo, con quince años bisiestos, y sus padres no eran sus padres ?

“¿Por qué me dice todo esto ?”

“Deseo que vivas conmigo en este castillo… Vivo sola y serías una excelente compañía para mí… Si lo deseas, claro…”

Mitchell sonrió.

Nunca se imaginó el giro que tomaría su vida…

¡Y todo por asistir a una fiesta de XV años ! 

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