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Una cagada de bruja en la cueva del cañon del rio Lobos
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 Article publié le 25 juin 2017.

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Me he acercado a la cueva del Cañón del Río Lobos, yo solo, porque es mejor ir solo que mal acompañado, donde una señora, Sabina, de Ucero (Soria), pueblo al que pertenece, entre la Cordillera Ibérica y la alta meseta del Duero, me dice que hay una cagada fósil y milagrosa de la primera Bruja que habitó la Gran Cueva para hacer sus aquelarres y donde venían a casarse los mozos y las mozas de la villa montados en sus borricas.

Me cuenta que ladrones yaventureros de la caña de la doctrina han venido a la cueva para lograr encontrar esa especial cagada. Que, desde el momento de entrar en ella, dudan de su seguridad, pues a ellos se les parecía la cueva una olla y, disimulando el miedo, se ponían ahablar entre ellos de que todos ellosescuchaban comouna olla que cocía cebolla.

- Cuece olla y cuece olla, salgamos de aquí no vaya a ser que el macho cabrío despierte y, estando descuidados buscando la cagada, al agacharnos nos dé por culo, decía la mayoría de ellos.

Me despedí de la señora, dándole un besoy, con mis miedos, como Sancho Panza, me bajé del burro y me dije que sí loharía. Entré en la cueva, En este momento me encontraba solo, pues las gentes habían entrado, en su mayoría, en la ermita, un mojón construido a la entrada del cañón y muy cerca de la Gran Cueva por los templarios, para dar por culo a la Bruja, no hay duda, y a su macho cabrío, el ángelcaído y malo, que más tarde, ellos mismos adorarían.

En el altar y su retablo los templarios habían figurado una lanza, una soga y una olla, en la que entraba como una polla con alas y una cebolla que llevaba en elpico.

Yo escuchaba la gritadera de los que habían optado por recorrer el cauce fluvial sobre calzas mesozoicas, callando y escuchando su propia gritadera en el Eco del cañón que provenía de sus zonas cóncavas.

¡Qué suerte¡ me dije. Yo siempre he amado a las Brujas que, para lo quequieren son prontas en trazas y todo para sus gustos. Yo me enamoré de una de ellas, Bonnie, de Wyoming, USA ; y estuve a punto de hacerme Brujo adorador del dios cornudo (Horned God) y la diosa Luna (The Moon), a no ser que, pocos días antes de mi marcha, me anunciaron que el dios cornudo se la había llevado en volandas a la otra vida, entre gatos.

Creo que el recordarla me vino de perlas, pues encontré la cagada de la primer Bruja, no sin antes besarle alcabrón la punta del Capullo, como hicieran los templarios en sus correrías de Cruzadas.Al removerla con un palo santo de palulú, los gallos y las gallinas de Ucero vinieron volando, hasta los patos, pues es sabido que a estos animales les gusta la cagada humana, sobre todo ladiarrea, más que a los cerdos las margaritas, o que a los chotos la leche, o que a los monos hacerse pajas. Todos ellos picotearon la cagada de la Bruja, apareciendo brillantes y perlitas de colores.

Todo fue una fiesta y cena, hasta que al final el macho cabrío, el dios cornudo se acostó sobre un sauce.

Yo tenía vergüenza y no me quería acostar con la Bruja.El perfume de los chuminos de las mujeres que enloquecía a los Inquisidores a mí me daba ascos y ganas de vomitar.

- Vente a acostar, me decía, y te regalaré todas las joyas que están en mi mierda ; yo decía :

- No me quiero acostar.

- Vente a acostar, me repetía, hasta que ella se levantó de la cama, hecha entre enebros, gayubas y aliagas y, amenazándome con un gran castigo, se vino a mi lecho, que era el suelo de la cueva lleno de tomillo, espliego y salvia y, en un embudo que metió en mi boca, apretó su culo, se tiró un pedo, y me dormí, soñando nenúfares, eneas y lentejuelas.

Cuando desperté,oí voces. La vecindad había venido a ver que me pasaba. Me tildaban de cortedad y vergüenza.

Yo tenía la picha tiesa por encima del calzón, como la de un militroncho al despertar en Dianas, diciéndoles yo a los vecinos :

- Mirad por el mes de enero, que polla tengo en la mi pollera, gracias a la Bruja de la Gran Cueva.

Aquí, en este instante, se levantó, entre la vecindad, un griterío de desaprobación, zarandeándome, golpeándome, unos, con zapatitos de la Virgen en mi ombligo de Venus, saliendo yo comolos de Olmedo, con el culo colorado por los latigazos de una picha de toro, de otros, diciendo yo :
- Menos mal que no ha sido el palo de la horca ni de la hoguera.

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