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 Article publié le 9 octobre 2016.

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Vuelvo al tumbadero, donde se encuentra el sepulcro en que descansa el ataúd de una santa, santa Pe.

 Los ruidos de los coches de un Madrid de locos, así como su contaminación, se sienten por las calles de este campo de muertos.
Los enterrados en suelo destacan por sus tumbas, mausoleos y sepulcros suntuosos. Los de los nichos, colocados en forma de colmenas, me recuerdan a jaulas de gallinas ponedoras,muertas en Jalisco, principal región de unMéxico de crimen organizado.

 Tumbas en batería, enterramientos forzados, huecos donde algunos huesos agonizan en su interior, llevan inscripciones enunciadas que yo admiro : Carla ; Maximiliano, Daniel y Daniela, Antonio, Pilar, Pepe, Isidro, Emilio, Felipe, y otros sin nombre, mártires asesinados por la Iglesia y sus secuaces.

 Las mejores tumbas y nichos son las de los buenos gitanos, cuidadas permanentemente ; sus familias en vigilia continuada como regla de conducta.

 Los ayuntamientos han comercializado el terreno para sepulcros.Muertos vivientes entramos y salimos expresando nuestro estado de ánimo."Al entrar al camposanto, todos somos unos santos ; al salir, somos el diablo", me recita una joven florista que quiere venderme un ramo de flores, y que, para mí, está como para mojar pan.
 Entramos con una cara y salimos con otra, como diciendo : Esta casa matriz de difuntos es otro negocio más en nuestra vida diaria.
 Al instante, me acuerdo, cuando jóvenes íbamos con nuestras chicas a las tapias del cementerio a tocarnos y arrancarnos algún beso. El diablo, ¿recuerdas ?, jugaba con nuestras masturbaciones desde lo alto de un ciprés, como Gerardo Diego con el ciprés de Silos, en Burgos.
 Me acerco a la tumba de santa Pe, que, ahora, vive a la orilla del cielo, y le planto un beso. Pongo mi oídosobre la lápida, despertando mis recuerdos de ella el rosario que todavía sigue rezando, que siempre terminó con esta oración :

- Ábreme la tapa, virgen del Henar, que la corran san Antonio y san Amaro ; que si no la abres pronto, veré morir a mi muerte.
 Miro alrededor, y veoque la serena de la mar, de las carreteras, los cielos y las calles me viene rezando :

- Déjala que duerma más, que tiene sueño. Que no la despierte nadie, que a su madre y una Rosa tiene por lecho.
 A mí me gustaría despertarla, si con cantares pudiera, trayendo las coronas de flores depositadas en su tumba, que, al día siguiente de su entierro, fueron robadas.Ahora hay flores de papel o plástico, ¡no importa¡ pues así es elquerer y han sido hechas y traídas con cariño.
 Que la muerte cría polvo, es una verdad como un Templo. Y aquí,alrededor de santa Pe, todos los muertos se quedan para vestir santos.

-¡Ay, santa Pe. Un día me decías "que si mueres algún día, lo que más te dolería era de las almas su agonía".

- Qué agonías eres, le contesté, sonriendo, y añadiendo :

- Ya sabes, Pe, "que lo que en la leche se mama, en la mortaja se derrama". Contestándome tú :

- Menos el alma.

- Por esta misma calle del Cementerio de Carabanchel, en Madrid, que lleva a tu tumba, santa Pe, un día que llovía, visitando al señor Daniel, vi la calavera de una novia mía, que pasaba a ver todas las tumbas a nado. Por eso, aquí y ahora, te pido a ti, santa, dejando estas monedas sobre la lápida de mármol, que no nos mojemos los días de lluvia.

- Que por esto y, por tu gracia, te traigo recuerdos de tus beatos "el Bayarri" ; Fernando, el de la Nuclear ; Ramón "el dedicorto", de cortos dedos, ¡`claro¡,y de todos esos gavilanes apenados, carroñeros, que porla Casa de Campo quisieron, en sus salidos días, desarreglarte el moño, manteniéndote tú pura y casta.

- Ahora, ya me voy, santa ; que la Muerte está aquí ; es la que te canta ; y, con el polvode los huesos, ronca nos pone la garganta.
 Más, ¡ay¡ qué dolor. Antes de salir afuera, sólo los muertos salen adentro, veo que un cura gañán de bueyes echa una palada de tierraen los pechos de una niñamuerta que ha sufrido pedoicidio.Él les dice, sin vergüenza, a sus padres y a todo la compañía : "a las puertas del cielo está, con el libro de coro que yo le he regalado".
 Los padres inútiles y bobos exclamando :

- Por dios, ¡qué majo¡
 Yo le dije a un enterrador que estaba esperando enterrar a la niña :

- El cura y la muerte echan fresco a uno.
 Él me contestó :

- Tierra bien poco grata.

 

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