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Viejo, ¡que cagada la vida !
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 Article publié le 13 décembre 2014.

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Daza y Trebisonda se encuentran en el Centro de Día “Río Vena”. Hay mucha cautela en el proceder de toda esta “chatarra” de vejestorios y viejos ridículos que vienen a este centro, unos a jugar a las cartas, sabiendo engañar a los puntos mostrando, como al descuido, la pinta de un naipe y sacando otro ; otros a mirar.

Trebisonda ha dejado a su perro Cisneros, (le llama así porque, según él mismo dice, se parece a aquel inquisidor general y regente de Castilla, y porque se lo trajeron de Alcalá de Henares en Madrid, y el verdadero Cisneros fundó su Universidad), a la puerta de entrada como un objeto viejo, inútil y arrinconado.

-Viejo, inútil y arrinconado como nosotros, susurró.

Daza sonrió y le dijo :

-Sí, nosotros somos personas inútiles que no servimos sino de estorbo.

Los dos miraron hacía la puerta de salida, y vieron a unos sujetos que entraban y traían trastos de pintar, trastos de encuadernar.

Ellos dos se han acercado al salón de juego y cafetería. Han venido para ver a las camareras que trastornan, como ellos dicen. Los dos han entrado soplando como fuelles.

-Qué fácilmente nos trastornamos, dice Daza. Y sigue :

-De verdad que es una putada que una “tía” nos vuelva de un lado a otro y que nos prive por el Chumino del libre ejercicio de los sentidos.

-Nos han invertido el intelecto, dice Trebisonda. Y sigue : pues ver cómo un Coño nos inquieta, perturba, causa disturbios o sediciones del culo, es para morirse de risa.

-O de asco, replica Daza, trabándosele la lengua.

Trebisonda soltó una carcajada que hizo que las camareras y los que allí se encontraban nos mirasen con enojo.

-Trastrás, le dice Daza al oído, y por la espalda, a una camarera con la que tiene confianza, dándole, al mismo tiempo, una palmada en el traspontín, trasero, asentaderas.

A la joven se le mudó el ser o estado. Se puso nerviosa, trabucada y confundida. La joven, que se había acercado a saludarnos, se marchó sin hacerlo, y se puso a servir las mesas ocupadas por verdaderos trastos viejos.

Cómo odiaban Daza y Trebisonda el espectáculo de esta “chatarra” dispuesta a comer con trasudores y fatigas. A algunos se les caía el mocarro, o moco pendiente de las narices, y otros jugaban con uno al santo mocarro.

Trebisonda dijo :

-Si en vez de camareras hubiera camareros, pocos viejos vendrían. Entre estos chatarreros todavía destaca el Asno que nos habita.

-Es verdad, respondió Daza. Hizo un silencio y siguió : Y esto no es lo peor o mejor de todo. Para mí, lo más humillante y se me sale la sangre de las venas o vasos donde está, es el tener que sacar un perro a la calle a mear o cagar tres veces al día. Y no digamos eso de recoger la caca y llevarla del jardín a la papelera. Es como entrar en éxtasis o elevar tanto los pensamientos del culo que se queda uno como desposeído de las cosas terrenales. ¿A que sí, Trebisonda ?

-Sí, respondió Trebisonda. Es una preciosidad, Hizo un silencio y con cierta sorna prosiguió : Cantemos al perro que en la llanura venció del verde ancho mar al trace fiero del culo perruno.

Qué de risotadas dieron los dos. Tan altisonantes fueron, que vino la encargada alterada por el orden natural y lógico de las risas, y les rogó, moviendo las tetas sin querer, que salieran del edificio.

Ellos salieron. Cogió Trebisonda su perro como quien transgrede una pieza musical. Con mala leche.

No habían andado tres pasos, cuando Cisneros, el perro, se traspuso, y en un rincón o recodo del río Vena, donde podía sentirse a oculto, comenzó a cagar. Mirando los dos el trasiego del perro, Daza, que parecía el empleado que previene ä cada actor cuando ha de salir a escena apuntándole la frase de salida, mira a Trebisonda y le dice :

-Mira, Trebisonda, ya se acerca el mito o alegoría de fenómeno natural y de hecho histórico como en la conquista de Orán donde el verdadero Cisneros se despelotó cagando. Hizo una pausa, y prosiguió :

-Ya sale la mierda como Pedro por su casa,

-Vaya destino el nuestro, replicó Trebisonda, prosiguiendo : cómo pasa la vida, como viene cagando mi perro.

El perro Cisneros cagaba sin arte, como en las escuelas de Arte o Narración, menoscabando o disminuyendo la caca, quitando o separando parte de ella con el hocico, cual peluquero que pela al rape. El río Vena clareaba al trasluz por el revés de la mierda. Los patos mudaron de un sitio a otro viniéndose a la caca.

Trebisonda, sin orden ni método, cogió una bolsita negra de plástico y, metida la mano derecha en ella, recogió la caca titubeando, temiendo echarla a perder, romperla, destruirla, acabar con ella. Cuando iba camino hacia la papelera donde echarla, se revuelve el muy cabrón y, como dando pases de muleta con ella, moviéndola de una parte a otra, arrojó la bolsita negra contra Daza, con viveza y travesura. Menos mál que él supo esquivarla, y el paquete de mierda, como huyendo de su acreedor, cayó allende del río Vena, aquende el río “Po-Po”.

En un instante, patos nadando, otros volando, vinieron a la mierda como el corrupto viene a la Banca, corriendo y volando de un lado a otro moviendo con el pico el paquete con afán de romperlo y sustraer el contenido como si de un asunto judicial se tratara, como quien corta la grama de la viña a azadonas.

El paquete se abrió de picotazos. El plástico negro despareció entre unos y otros. Ellos se fueron en desbandada, cayendo la mierda al fondo del río como lágrimas de cocodrilo.

-Mira, dijo Daza, parece un mejillón sin cáscara en el golfo de Méjico.

-¿Sí ?, preguntó Trebisonda, prosiguiendo : a mi me parece un lapo caído de una culpa o error del Cid Campeador.

A través del agua transparente se dejaba ver la mierda, cual especie de cortina de tela translúcida en que puede haber pintados paisajes, o ventana de cristal que ilumina, adorna, el fondo de un altar.

Daza, abriendo la boca como al pescado para salarlo, gritó :

-¡Qué asco de Vida !

-Viejo, qué cagada la vida, replicó Trebisonda. Prosiguiendo :

-A Cisneros, mi perro, no le voy a echar de comer desde Jueves santo a mediodía hasta el toque de gloria del sábado.

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