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Alvarado Tenorio - El cínico de una Generación Desencantada - Por Joan Largo
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 Article publié le 26 octobre 2014.

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Harold Alvarado Tenorio nació en Buga ; obtuvo el título de Licenciado en Letras en la Universidad del Valle [1967-1970], en la recién fundada Facultad de Humanidades [1964], desde entonces emprendería numerosos viajes dentro y fuera del continente con el propósito de obtener un posgrado, peregrinación que ya antes había realizado dentro del país cuando en innumerables ocasiones fue expulsado de varios colegios por culpa de su acendrado anticlericalismo. En una España que se despertaba somnolienta del casi interminable ocaso franquista, en la Universidad Complutense, obtener su Doctorado en Filosofía y Letras con un ensayo sobre la literatura de Jorge Luis Borges, cuando apenas se empezaba a valorar la obra del escritor argentino. Antes, la publicación del libro Pensamientos de Un Hombre Llegado el Invierno, en ediciones escasas con un prólogo apócrifo de Jorge Luis Borges, forjado con astucia por él mismo, haría escándalo en las élites culturales caleñas y le otorgaría cierto margen de reconocimiento en los círculos bogotanos.

 

A esa misma generación, llamada Postnadaísta, pertenecerían Juan Gustavo Cobo Borda, Raúl Gómez Jattin, María Mercedes Carranza, Giovanni Quessep, Elkin Restrepo o José Manuel Arango entre otros. Es pues, en esta medida generacional donde la obra de Alvarado Tenorio lleva la poesía vallecaucana al reconocimiento en las letras nacionales. Pero más allá de su aceptación en los círculos capitalinos y las camarillas intelectuales, es la prolífica trayectoria académica y la profusa producción bibliográfica en crítica literaria lo que hace de Alvarado Tenorio una de las grandes autoridades en la literatura colombiana. Su enfrentamiento abierto con los poetas auto consagrados como Juan Manuel Roca, Mario Rivero o Gonzalo Arango ha conmovido los oídos sordos de sus enemigos más viscerales, y de quienes ocupan puestos en ese sospechoso aparataje del ministerio de cultura que hace del arte y la literatura un ejercicio pragmático de producción de burdos herrajes.

 

La vejez, la muerte, los viajes, el conocimiento, el tiempo, el sexo, son los temas en la poesía de Harold Alvarado Tenorio ; su estilo, que se aleja de la presunción de decorados y del manejo ascético y temeroso del lenguaje, logra construir imágenes contundentes, crudas, llenas de rudeza y de fuerza, donde el sentido y el aspecto visual confluyen de un modo turbulento e incontenible :

 

Gran vida que das y todo lo quitas

Ni siquiera el recuerdo quedará en nuestros huesos

Ni siquiera la música del violín de Mendelsshon.

 

Este poema, casi un epigrama, muestra la precisión de la construcción poética, la agudeza y la ironía con la que se expresa una grande, enorme, insalvable certeza. La presencia de Borges, con la adecuada distancia que lo aleja de la simple repetición, es innegable ; el carácter clásico, memorioso, capaz de instalar la finura de la figura poética, sucede dentro de lo que a simple vista podría parecer subversión, inmediatismo y febrilidad, y que sin duda lo sería de no ser por la sintaxis deslumbrante y el vocabulario generoso :

 

En aquellos buenos tiempos

era bueno abrirte las piernas

y lamerte hasta el cansancio

y fornicarte hasta la última gota y partir

 

El Valle del Cauca, idílico y rural ha quedado atrás ; la vida urbana comienza a aparecer de un modo asombroso en esta poesía refinada y a la vez desmesurada. El artificio lírico, los giros románticos no tienen lugar en el trabajo de Alvarado Tenorio, su apropiación del lenguaje, sus memoriosas y tremendas evocaciones, dan cuenta de un individuo atormentado por los males del mundo, que es capaz de instalar en su poesía las dimensiones inagotables del dolor, del placer, de la deshilvanada identidad personal y de la vacuidad ensordecedora de la existencia :

 

¿Dónde posar el pie

dónde el poema ?

¿Por qué las llagas nos cubren

y el escarnio te cerca a toda hora ?

Sueño del hombre y su sombra

ninguno sabe que es sombra de otro

nadie sabe si sueña o si está muerto.

 

Hay además un conocimiento crítico y profundo de la tradición poética colombiana ; Silva, Valencia, De Greiff, Barba Jacob, Arturo, Jaramillo Escobar, que le permiten al poeta un diálogo abierto con estos autores. La revista trimestral que dirige, Arquitrave, es uno de los lugares más importantes de difusión bibliográfica de la poesía contemporánea en Colombia ; en ésta, consecutivamente, se citan trabajos de poetas latinoamericanos y de otros continentes conocidos o poco divulgados que ponen de manifiesto el vasto conocimiento y la aproximación sesuda a otras literaturas. Lo cuotidiano también tiene cabida en la poesía de Alvarado, pero no con la perorata burda de los nadaístas, sino con una poesía capaz de transmitir el sentimiento estético por medio de la palabra :

 

El camioncito modelo cincuenta los llevaría hasta el río,

con sus piedras como huevos traídas del principio del mundo

y cocinaban un buen sancocho con plátano hartón

y amplios trozos de carne en tres telas. (…)

Con el anís había música de cuerda y canciones del país.

Ellas parecían felices.

Ellos también.

Era, no obstante, el tiempo de la miseria.

El mundo, afuera, rodaba como cosa vana.

 

Lo que a veces parece la celebración del placer y los goces del cuerpo, sigue ocultando el desencanto y el pesimismo ante el mundo ; detrás de la febrilidad de ciertos poemas sigue latente el desencanto frente al entorno inútil y efímero del hombre :

 

Sus piernas, decorosas, no soportaban

más que fáciles eyaculaciones

o lamentosos besos de cartón.

Pero te traía pastelitos y de cuando

en vez, un perfume,

para después de la afeitada.

 

Así como hay que esperar hasta 1972 para que en la ficción vallecaucana se llegue a una obra independiente y madura : Cóndores no entierran todos los días, de Gustavo Álvarez Gardeazabal ; también hubo que llegar hasta los últimos años de la década del sesenta para que en la poesía se comenzara el diálogo abierto con nuevos elementos, con tradiciones ajenas, con temas hasta ese entonces apenas se insinuaban en poesías tan interesantes como la de Hugo Salazar, Helcías Martán Góngora, o que yacían bajo el profano monopolio del fetiche nadaísta. En el Valle del Mundo, es un largo y bello poema que de modo sublime resume muchos de los lugares de la poesía de Alvarado Tenorio :

 

Haber fornicado sin placer,

vivido entre ellos y gozando sus mujeres.

Haber conjurado la falta de dinero, el uso de chequera,

de tarjetas de crédito, ni hecho ejercicio.

Saber que la luna se está ocultando bajo las olas,

que el tiempo conmigo se oculta,

que jóvenes y bellas murieron algunas

y que hay uno que logró edificar su morada

en el borde arenoso de las aguas.

 

Libros como Summa del Cuerpo [2002] ; Espejo de Máscaras [1987] o El Ultraje de Los Años, tendrían que ser citados en cualquier trabajo que pretenda indagar sobre el desarrollo de la poesía regional en el Valle del Cauca durante las últimas tres décadas del siglo pasado. Harold Alvarado Tenorio, sin importar sus ácidas y corrosivas posturas (exageradas por la sensibilidad bogotana de las alianzas de los poetas de la Casa de Poesía Silva y los cenáculos tradicionales), ha entregado la poesía de más alta factura e intensidad que haya producido autor alguno en el país vallecaucano. Una poesía a la que se dificulta adjudicar antecesores, y que acaso, como afirma Gustavo Álvarez Gardeazabal, demore mucho en tener sucesores :

 

Los héroes siempre murieron jóvenes,

no te cuentes entre ellos,

y termina tus días

haciendo el cínico papel de un hombre sabio.

 

Joan Largo

Universidad Nacional / Medellin

Universidad del Valle/Cali

 

 

Harold Alvarado Tenorio

www.arquitrave.com

www.haroldalvaradotenorio.com

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